sábado, octubre 14, 2006

Porqué escribir

Recién estaba pensando, ¿por qué no escribo cuando pienso "quisiera escribir esto"? Es porque siento, cuando vengo a escribir... un vacío... No puedo explicarlo bien, pero simplemente... siento un vacío...


Y es horrible, porque ese vacío se acentúa en cierta forma cuanto más quiero escribir lo que estoy dejando de escribir, especialmente cuentos, relatos, cualquier clase de historia, que es en cierta forma lo que más amo escribir: para una parte de mi, escribir esas cosas es el sentido mismo de escribir, porque por otra parte es por lo mucho que amo los cuentos que escribo. Para perpetuarlos.


Hablando de ello, recuerdo los motivos por los que escribo. En algunos casos es por la belleza de las historias; largo ha que dejó de ser por eso por lo que escribo, porque ya - o mejor dicho, en este triste intervalo - no escribo historias. Pienso que es aquél descanso, aquella muerte antes del verdadero nacimiento, cuando las historias se cantarán con toda pureza, sin la miseria que les da el tanteo, el miedo y la inseguridad. Cuando sepa porque lo hago. Yo pensé que tales "sábados" a la creación eran voluntarios, pero descubro que no es así y que fue completamente involuntario, aunque tal vez sea útil.


En otros casos es por la fuerza de la poesía. Amo el lirismo. Pero, hete aquí que ¡mi poesía esta perversa! Escribo cosas que no tienen relación con mi deseo y en algunos, sino muchos casos, es directamente lo que siempre odié y temí hacer. Siento que esta misma recapitulación es el primer destello del amanecer al Resurgimiento.


Y en otros casos es por el imperio de mi pensamiento, por la necesidad de poner por escrito lo que razono y siento como correcto, o útil, o bueno. En ese sentido me provoca la filosofía a escribir. Pero... mis escritos de pensamiento se han vuelto redundantes, pomposos, sabiondos y poco ingeniosos. O a veces, más ingeniosos que realmente sabios, pero sin un sentido del humor digno de tal renuncia. Y además, espantosamente intrincados.


Puedo decir que aprendí a usar el lenguaje con soltura, pero no con sencillez. Puedo decir que aprendí a redactar la poesía con riqueza, pero perdí la frescura. Puedo decir que sé escribir un libro atractivo, pero caigo en la tentación de ser rebuscado. De tanto afán por lo pequeño perdí el sentido de lo sutil: similar a observar el mundo desde un microscopio - o un telescopio.


Aún así... ¿he de quejarme? Sólo espero que el agua sucia se lleve consigo todo lo que me embarraba. Llega la hora de correr desnudo bajo el sol - o desnudar mi luz.

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