viernes, octubre 20, 2006

Perturbar

Hasta hace muy poco tiempo, un montón de cosas me perturbaban. Es imposible describir el efecto que tenían en mi, pero era terrible: de dolor en la mente, en el alma e incluso dolor real en el cuerpo, arcadas, vacío existencial, desesperación, angustia, angustia, dolor, miedo. Frío y calor intensísimos pero sin sosiego, absoluta desesperanza... sueño de decenas de horas. Todo eso me enfrentaba cuando lentamente en mi espíritu se deslizaba un ánimo mortífero, como un cuchillo abriéndose camino o, más realmente, un rayo de luz cegadora y despiadada que coreada por el más poderoso canto de los ángeles bajaba a torturarme hasta que ni una gota de mi sangre recorriera mi cuerpo y todo mi ser se convirtiera en una llaga, mientras mi alma se diluía en el canto hasta formar una nada blanca arrastrada por el último grito de terror antes de morir la mayor de las muertes.


Eso... esa sensación, sigue existiendo, y por cierto no lograré librarme de ella con tanta facilidad. Pero hablaba ahora de aquellos momentos en los que ya no siento eso, que son por ejemplo frente a un insecto "repugnante", frente a la soledad de mi creación, frente a mis horas de desvelo iluminado por el afán de lograr algo, frente a mis ideas lascivas o deseos de poder mágico. Y los nombro porque el motivo por el que ya no siento ese desasosiego es de los más extraordinarios:


Unos pocos días atrás estaba hablando con Natasha de cosas dolorosas. No era una charla, es mucho más que eso: es un diálogo de hechos, miradas, comentarios a lo largo de días... a decir verdad, nuestro diálogo sobre el dolor, que comenzó un día en lo alto de una montaña donde vino a rescatarme de mi soledad angustiada, no ha terminado sino que sólo progresa, y hemos dicho bastante y sin embargo no hemos llegado aún ni a, tal vez, una pequeña parte de lo que hay por decir. Porque, en realidad, hablar del dolor es hablar de la felicidad, pues la tristeza y el dolor nos hacen pensar en ella, desearla con atroz intensidad, y es ella el objeto y a veces la razón misma del dolor. ¡Hay dolores, y especialmente llantos, que son la expresión más pura de la felicidad! Concibo la felicidad perfecta, pero frente a ella nadie me quitará las lágrimas de los ojos. Con lágrimas de los ojos alcanzaré el trono del Altísimo, con lágrimas en los ojos contemplaré el anciano ocaso del mundo y en medio del mar de mi llanto lo veré renacer. Cantando con voz quebrada me acercaré a los pies de la Belleza, y son los sollozos mis compañeros más constantes en el camino hacia la Sabiduría. ¡Dolor por el Amor perdido, llanto por la dicha de volver a encontrarlo! ¿Qué sería la vida sin llanto?


Natasha me ha enseñado otro llanto, increíble y puro, el de la sangre. No es posible llorar lágrimas de sangre pura sin destrozarse los lágrimales, pero si es posible verla y hacerla brotar. Aún no he visto más que el albor de ese llanto.



Sucedió entonces que en medio del diálogo me quedé meditando sobre la palabra "perturbar". Llena de significado, sin embargo no me produce el desasosiego que siento en verdad al estar perturbado. Comprendo lo que es, pero en cuanto la palabra posee a su objeto, ¡zap! el objeto desaparece. Absorvido por la palabra, poseído por ella.


Hace unos momentos sentía el desasosiego venir con una fuerza inusitada. No podía controlarlo, como nunca pude. Entonces me dije, recordando a Natasha, comparando con todas las ocasiones de desasosiego y temor: "me siento perturbado"; y la sensación se esfumó, restableciendome la paz. ¿Es prodigio de Natasha? Es muy posible, pues en verdad al recordar esa palabra la recuerdo a ella, y es un recuerdo que me fortalece. Sé que en parte es así. Pero también es por la naturaleza propia de las palabras, por su naturaleza espiritual: nombrar algo tiene en sí un poder que cambia completamente el sentido de la cosa nombrada.


Voy a ser filosófico antes de ser puramente místico: nombrar algo da entidad a lo nombrado, y lo carga con toda la historia, juicios, conclusiones y recuerdos relacionados que tiene la palabra, sus similares, y el hecho de llevar palabra en sí. El mero hecho de tener Nombre. Dice Tolkien al referirse a las cosas terribles "Aquél que no tiene Nombre", o "En las profundidades se arrastran criaturas sin nombre royendo las raíces de la Tierra". Las frases son pavorosas. No cito a Úrsula Le Guin, en cuyo mundo - robando ideas a los místicos de la Kabbalah - el nombre es la esencia misma de la cosa nombrada; no la cito porque siendo tan explícita la referencia a la importancia del nombre desaparece parte de su misterio y no tiene relación con lo que nosotros sentimos en nuestro gris mundo. Colocar algo entre las cosas nombrables le da historia, forma, habilita a la gente a discutir sobre ello: su arcano se esconde y también el terror a lo incontrolable, el terror más visceral. Hasta tal punto es así que cosas al parecer inexistentes como los dragones - o que, al menos, nunca hemos visto ni sabido de su existencia - son motivo de largas discusiones por el sólo hecho de tener nombre, y bajo el mismo nombre se engloban cosas que poco y nada tienen que ver.


Pero además, las palabras tienen su vida propia. Desde el momento en que Natya la pronunció por primera vez, "perturbar" - que es por cierto una palabra que no he oído demasiado - tiene otro significado para mí y es un espíritu que he tomado de ella. Hay también otras palabras que sólo ella pronuncia, y otras que ella pronuncia con más frecuencia que otros, pero tantos espíritus acuden al llamado de ese vocablo que es sólo tras largo tiempo y fuerte convicción que desaparece su sentido convencional y es reemplazado por la nueva vida. Hoy para mí, por fuerza de la visión de Natasha, la Condesa es ella, un alma que vive con hálito singular, y que dista mucho de los condados donde campesinos tristes doblan sus espaldas a la lluvia y al sol. Fantasmas que toman nueva forma y echan la antigua al viento, para que sólo la pueda recuperar quien caze horas o semanas - o vidas - atrás de ella como cazando mariposas.


Cada vez creo más en que todo vive, todo respira. Es difícil de explicar, porque no se trata de adscribir a una filosofía, sino de algo que el alma necesita y la mente con sus razones lo único que hace es responder a su demanda. En verdad, nuestras mentes son juguetes de nuestros corazones, y por más que sean muy afilados y sirvan de arma y escudo, de fortaleza y bandera, son sólo una herramienta, y no siempre la central. Entonces aquí es exactamente como en Mago (cuando el mago le muestra la magia al despertado):


"Ahora la has visto, porque creiste. Luego de un par de veces de que la veas, creerás. Y una vez que creas, la verás siempre."


El poder de la fé es mucho más que la capacidad de arrastrar multitudes a hacer boludeces - perdón la expresión - alrededor de un fogón porque se emocionaron con una estampita... Fé es el Nombre de algo grande, muy grande, y muy próximo a la esencia humana. La misma suposición de la existencia de la Fé la convierte en poderosa. Tal vez sea cierto que la Fé le da forma al mundo al punto de alterar su sentido físico...



Por cierto, aquello que me perturbaba... ya no me perturba.



¿Será tan fácil, podré aplicar el método a cientos de cosas?



Ay, si hay un método que quiero aplicar es aprender alternativas al pensamiento meramente racional cuando analizo una situación... porque lo peor de él es que condiciona mi forma de expresarlo, dejándolo en los términos en que fue pensado. Nuevamente, las palabras son más fuertes, pero tal vez es sólo que erré de palabras - evoqué espíritus equivocados.



"I tried to kill the pain
but only brought more
so much more"
Evanescence



PD: La frase no tiene nada que ver con nada, es sólo que me pareció maravillosa.

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