martes, abril 18, 2006

Alquimia

Necesito brotar como de un capullo somnoliento. Tirando de mi hacia el sueño, el suelo y la desesperación, las ideas y los sueños se arremolinan hacia abajo. Mi universo se desploma y hace un sumidero a través de mi alma. El sumidero se eleva, se potencia, y se transforma en huracán, y de golpe todo el mundo se encuentra girando, todo agitado y disolviéndose, todos los bloques arrancados en la tormenta, como prestos a tomar una nueva forma o disolverse hacia el vacío.


Pero la potencia de la tormenta y la conciencia que la ha provocado lleva en sí la semilla que la hará purificarse. Cuando una masa cristalina es fundida y luego enfríada, conserva su forma líquida hasta que alguna partícula cae dentro de ella y cristaliza violentamente, toda la masa al mismo tiempo. Sé, por ejemplo, que por fuerte que sea el remolino y profundo que parezca ser el sumidero, la crisis no puede conducirme a desastre. Es purgación, purificación temprana. Pero no hay manera de que me extinga. La prueba - es la misma materia del sumidero.


Por eso he tomado el valor de agitar y volver a meter los bordes quemados en la mezcla, para hacer de todo mi un caldero, para convertirme en mi atanor. El fuego que alimento brota de mi mismo, y es él el que va eliminando las impurezas, y convirtiendo la masa a blanquecina y, con esperanza de destellos anaranjados. Me arrojo dentro del caldero y me deshago, y el mundo me ve deshojarme y ser arrastrado, pero es sólo que vuelvo a la matriz convertido otra vez en semilla, para nacer más perfecto. No hay muerte - no hay final.


Es agotador, y largas horas paso en lucha o tendido en la cama entre pensamientos confusos. Por momentos me encuentro lejos de mi y del mundo: por momentos soy una carga para él. Pero no puedo sentirme mal por ello, porque en cuando las formas vuelven a su estado natural, me convierto en potencia pura, y en la potencia de amor que quiero ser, cosa que en verdad el mundo preferirá agradecer. Otras largas horas mi lucha está lejos de la cama, y la paso en esfuerzo, pero esfuerzos desgastantes en que más que construirme pruebo las fronteras, y las demuelo, hasta que caigo rendido en el caldo de mi agotamiento.


Sopa de los elementos que son mi alma, que quiero consumir a su fuego sin guardarle nada, para que de esta confusión llena de dolores, rencores y suciedades brote otra vez energía clara y pura, iluminada y divinizada por la esencia primera.


El atanor no es otro que el amor. Yo soy mi propia Piedra Filosofal.


Y voy a convertirme en oro.

No hay comentarios.: