Natasha, te amo...
Ni siquiera sé que escribir. Necesito decir muchas cosas y no sé como hacerlo. Las cosas que tendría que decir son tan grandes que no bastarían 100 posts para expresarlas. Temo decir dos palabras y que no entiendan nada tanto como decir cincuenta pero sin sentido.
Todo lo que tengo por decir, que es mucho y terriblemente importante, yace en los fondos de mi espíritu con formas distintas de las que estoy acostumbrado a decir. La luz irradia la Realidad de nuevas maneras, como si mi espectro se ampliara, y ya no es solo de un color sino de todos, y no solo de los colores sino más rayos y más formas.
Las cosas que siento suenan a verdades universales tan perfectas como axiomas matemáticos, suenan a cosas tan huecas o profundas como las llene quien las lee. Es frustración del escritor el saber que sus palabras van vacías de sentido para quien no las conoce de antemano, porque el sueño de quien habla es dar cosas nuevas a saber. Si mi espíritu solo puede ser dado a quien ya lo tiene ¿qué sentido tiene hablar? Se me ocurre uno, y es que todos lo tienen, solo que no todos lo han descubierto. Pero aún así.
Quisiera decir que estoy cambiando, porque eso es exactamente lo que estoy haciendo, pero no es lo que nadie entendería a partir de esas palabras. Estoy cambiando quizás como Luke cambiaba cuando entendía las palabras de Yoda, o como cambiaba Siddharta cuando abandonaba la ciudad, o... quizás como Cristo al volver a Ierusalem. No estoy cambiando. No cambia la semilla cuando se transforma en árbol, sino que brota, pero es lo mismo, tenía toda la potencia de ser árbol. Transciende, se sublima, rompe sus fronteras en busca de nuevas. Y aún así, la metáfora es menos poderosa que la sensación, y menos abarcativa. No estoy transcendiendo. Estoy haciendo lo que estoy haciendo, que es moviendo algo dentro de mi, y no hay palabra para eso.
Me siento... extraño. Pero bien. Quisiera que me dejen en paz, porque mientras estoy así, a veces soy quien más fuerza y entusiasmo tiene, y otras veces duermo casi todo el día. ¿Entienden por qué? Supongo que sí. No se quejen de que así sea: no les hablo a ustedes igual, le hablo al mundo, supongo que se entiende. Tal vez me siento condenado, y tal vez lo soy. Eso ya no me va a importar más.
Sólo en una fuerza confío, en una razón-motivo-fuerza-realidad-esperanza-verdad-sentimiento-alma-dios: en el amor.
Eso es permanente, y también se revela como tal de quien pueda entender lo que sucede, que no es nada malo. Por eso digo que confío en el amor. Y no tengo miedo de mi cambio, sino muy por el contrario, pero es lógico hablar de miedo porque es lo que suscita, por lo que entiendo, en la Realidad. Aunque tal vez la Realidad siempre estuvo esperando que lo hiciera.
Mis palabras son el latir de mi alma. Soy animado por un espíritu increíble, fascinante.
Vuelvo a él.
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