Historia
Un pueblo que olvida su pasado, está condenado a repetirlo
Voz popular
Se ha dicho muchas veces que la historia debe ser viva, no un conjunto de fechas o de hechos, o de batallas, o sucesiones de emperadores o dinastías, o cambios políticos, variaciones en el territorio, o sea cual sea, la reducción de la historia a uno de sus factores. Hay un error de base en la idea: la historia es viva, y no puede ser de otra forma.
Sucede que vivimos haciendo historia. Nuestra vida es historia y forma parte de ella. Allí casi rozamos la tentación de, al decir que todo es historia, destruir su área propia: en cierta forma esa tentación es válida, ya que en verdad, todo es historia.
Nuestra vida es compleja: los entramados en ella son mucho más que cambios políticos o ir a votar. No es la ley Sáenz Peña lo importante, sino el porqué de esa ley, cosa que muchos han olvidado. Muchos que, quebrando la historia, han llegado a conclusiones absurdas.
La historia solía ser la crónica de los poderosos. Muchos de los datos históricos, más allá de los más seculares escritos místicos, mágicos o líricos, son crónicas o memorandums de los sucesos puestos en forma prácticamente contable: "100 bajas, entre ellos 5 capitanes, y 20 prisioneros". Esto creó la ilusión de que en eso consistía la historia, dejando de lado las visiones esotéricas que le daban a todo un significado místico o trascendental, y que fueron condenadas por la Iglesia y el Estado. Ante tal brutalidad, aparecieron cosas como el análisis de Marx de la realidad que, muy innovador, subyugó todo a la economía, y no ya ni al poder ni a la religión. El deslumbramiento que en medio de la sociedad capitalista produjo ese punto de vista hizo olvidar lo casi principal: que era un punto de vista. Y digo casi principal porque creo que la mayor virtud del análisis concreto de Marx al subyugar a la economía todos los demás aspectos de la realidad es la de haber redescubierto que la realidad puede ser observada bajo muchos puntos de vista.
Ahora bien, si nuestros motivos para obrar son múltiples, y las cosas que nos suceden, muy distintas de las registradas en la "Historia" (llamando así a la historia oficial relatada en números), se entiende el interés por no solo esas crónicas, sino los modos de vida, las costumbres, los sucesos caseros, el paradigma, la superstición, el lenguaje, los materiales, la geografía, la variación étnica, el entorno, y todo lo que hace a una cultura, sin ni siquiera aislarla como "una cultura" sino metiendola en la red de la humanidad.
La Historia es sólo la proyección de nosotros mismos en el pasado. Cuanto más la reviso, más descubro que no hay nada nuevo bajo el sol, sin que eso signifique nada malo ni bueno, sino tan solo una certeza sobre la naturaleza humana y sus cosas más íntimas, desde la gastronomía hasta la voluntad de seguir viviendo. La misma relación que es hoy fue siempre, y será, porque guarda relación con algo que lo envuelve todo, y trasciende y conecta los eones. La Historia, y el Tiempo, forman un entramado muy similar al de las dimensiones espaciales. Estudiarla no es estudiar una materia, o estudiar una ciencia: es perder el miedo a observar la Realidad bajo un nuevo punto de vista.
Y aquí caigo en una conclusión que para mi no es nueva, pero que voy afianzando cada vez más: que la vida no tiene zonas ni sectores: no puede dividirsela en ciencias, oficios o saberes, sino que cada uno de esos saberes al ser estudiados en profundidad revelan una conexión con todo lo demás, y se revelan también como universales. Así, podría decir sin miedo que la Historia es Todo, y a continuación, decir lo mismo de la Matemática, y luego, de la Psicología. La conclusión que resuelve la paradoja es que la división entre todas esas cosas es vana, y a pesar de que es llamada una división instrumental y práctica yo digo: no es práctica en tanto que hace pensar que hay divisiones donde no las hay. Nada es práctico cuando simplifica a costa de alterar la realidad. Era muy práctico decir que los judíos eran los culpables de todos los males del mundo...
Decir Historia suena a pasado: ese es el primer error que quiero revertir y corregir. La Historia es una eternidad. Es un concepto bajo el cual iluminar el mundo. Todo hecho del hombre es absoluto como hecho, y bajo sus circunstancias podemos entender su Universalidad.
Hay mucho más enterrado en esos papiros, pergaminos y tradiciones de lo que se puede normalmente suponer. Ya con lo que leí, que es tan poco que me abruma, pude comprobar que lo que sé ahora superaba mis espectativas de lo que podía descubrir (tengo que hacer mención de Wikipedia, que es mi principal fuente). Y por eso mismo, estoy seguro de que allí enterrado hay mucho más. No quiero que nadie tenga miedo de leer sobre los tracios y sentir la cercanía con eso, la cercanía que no da una especie de snobbismo de "me puedo sentir como un tracio leyendo esto" sino la cercanía de saber que aquellos que pusieron allí la pluma, aquellos que murieron en esos valles, aquellos que sufrieron y que hicieron esas cosas, cuyas vidas no podemos comprender del todo, eran también seres humanos. ¿Debemos tener miedo ante ello? ¡Basta de miedo a saber! Abrir algunas páginas sobre hechos asombrosos y leerlas sólo puede ser evitado por miedo. Lugares comunes que hacen eco en nuestra mente: "no me voy a poner a estudiar historia", "tampoco puedo meterme a leer mucho tiempo", "no tengo ganas", "no ahora", "¿sabés el tiempo que me toma leer eso?" (contra eso está la genial contraprueba de que la mayor parte del tiempo lisa llanamente lo perdemos) y, después de uno o dos artículos y links clickeados, a "soy un anormal si sigo", "me tengo que tomar un descanso, fue mucho", "no, definitivamente perdí la concentración", "lo pongo en marcadores, después cuando tenga tiempo sigo", "no es para mi la historia", "no voy a estudiar historia", "¿qué me importa a mi eso?", "muy largo". Si alguna de esas frases tuviera en su raíz una verdad, me callo, pero, ¿no hay acaso una voz diciendo "wow, esto es muy interesante", "mirá que extraña esa imagen", "es impresionante, no sabía eso", etc, etc, etc?
Casi me fui de tema. Pero no.
¡Dí tu palabra y muere!
dijo alguien a Zarathustra. Pues bien: quiero decir que no hay nada que no sea Historia, no hay historia que no sea nuestra.
Amo la Historia.
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