Nupcia
¡Ven! Siente mi dulzura.
¡Oh! Estoy enbriagado, abrumado de vos. Te siento agitarte abajo mío, oigo tus dulcísimos suspiros que salen sin freno mientras me hundo en vos. Me hundo y me siento fundido, abro un camino sangriento y gimiente, un sendero que habitamos con puro reflejo, con poesía que mana de nosotros como de una fuente, porque así mana, sin que medie para ello más que el principio fascinante del amor.
¡Ah! el calor de tu interior, la húmeda suavidad de tus paredes que reciben mi pico convirtiendo la caverna en una mina de diamantes, diamantes salados que bajan por tu rostro y que bebo junto con tu sangre.
Déjame seguir para siempre, llenando tu interior con la semilla de una unión irreparable, respirando alientos de agonía mientras alcanzo en vos mi razón de ser. Nunca hubo otra, ni hay otra jamás por mucho que cambien los tiempos; y ni Frida y Odín buscaban en sus castillos otros propósitos mientras esperaban el inevitable Ragnarök.
No veo dentro de mi ninguna cosa más, ni siquiera estas palabras, pues sólo soy aquél espíritu que habita los bosques, cuya voz no es más que los sueños en tu mente, que te atraen y que responden con pasiones en la mía, hasta que sin otro propósito nos encontramos y caemos víctima uno del otro, sin velos y finalmente entregados. Desposados en carmesí en un lecho frente al hogar en la lejana cabaña de nuestra fría colina, o en las profundidades del bosque, danzando desnudos en un pacto ancestral con los seres y los elementos. Nosotros, no hombres ya, sino hombres fiera, de nuestra auténtica naturaleza, sin temor a correr libres y sin pudor bajo el sol. Felices de saber que te deseo y te amo, y que mi pasión puede colmar tu copa una y otra vez, y que mientras corremos por el bosque y te escondes jugando, te alcanzo y te derribo sobre un pesebre de hojas donde nazca nuestra salvación. Allí, los animales y los pacientes árboles bendicen y agradecen nuestra unión, y nos ven compartir su destino con espíritus hermanados.
¡Embellécete, enamorada, que tu amado está en camino! Da luz a tu rostro, muestra la pureza de tu hermosura al sol. Descubre los matices sonrosados en tus mejillas, vuelvete un hada para su imaginación. Él te ama, y corre hacia ti con prisa y ansiedad; pero sé sabia, y envuélvete en los mantos de Freya, llena de amor e insinuación. Te verá así, y te amará más y más te ansiará, pues eres aún más bella y seductora que la imagen en sus sueños. Y serás feliz de haber despertado en él tan grande amor cuando te tiendas en la alcoba y él colme tu interior.
Te amo novia mía, único brillo de mi cielo. Nada de mí entiende el que me faltes: nada de mí puede entender que no estés a mi lado en mi cama para que te abrace y sea feliz. Quiero unirme a vos en cuerpo y alma, compartir con vos mi tiempo y mi destino. Si no fuera una dura expresión para tus oídos, diría que en verdad quiero que seamos marido y mujer, así como lo éramos sin saberlo en nuestros espíritus y en nuestra comunión. Quiero que mi vida sea una nupcia eterna.
Te amo.
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