sábado, abril 08, 2006

Lavado...

Atención: No apto para impresionables.

Hace un mes se rompió el lavarropas (que raro...), y desde entonces el tacho de la ropa sucia se fue llenando y acumulando. Como hace casi un mes que no salgo de casa, usé las mismas dos remeras lavándolas, como así el resto de la ropa, pero también haciéndo estirar su uso mientras podía. Pero el día que la lavé en un balde y con jabón de lavar me di cuenta de que poniendo mucha ropa en la bañadera y metiendole jabón de lavar y sacudiendo, podía despachar rápidamente todo ese creativo montón.


Le propuse a mi mamá por las dudas y le pareció buena idea, pero nunca me puse a hacerlo por falta de impulso, hasta que esto llegó al límite y mi mamá me vio con el paquete de jabón de lavar (pensaba lavar una remera) y me preguntó si iba a hacer lo de la bañadera. Así que decidí hacerlo.


Ya voy por el segundo lavado de la misma inmensa cantidad de ropa, y no puedo creer lo negra que está el agua. Creo que voy a tener que hacer un tercer lavado. Además, sacudir tanta ropa tan pesada con agua me cansó y me parece que si hago esto seguido voy a sacar músculos sólo de lavar ropa.


Es fascinante ir preparándose en todo sentido para ser independiente :P, porque además las experiencias de las amas de casa son notables. No sé porqué las explotan tan poco para la filosofía, especialmente me lo pregunto porque algunos filósofos románticos y bohemios tienen especial vocación por este tipo de tareas (Werther se cultivaba su propia huerta) y las conocen tan bien como cualquier abuela. La masa de ropa sumergida en agua ennegrecida y la sensación del jabón en las manos, y el esfuerzo, son realmente reveladores si uno se pasó la vida levantandose a la mañana a sacar la remera bienoliente del placard y tomar el café con leche que ya está servido en la cocina.



Pero también es fascinante tener ropa limpia...


PD: Nueva poesía en el Nímeovük

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